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domingo, 1 de abril de 2012

En Bolivia

- Se vende pan en la calle.
- Los policías conversan en piños.
- Se lee/escribe/escucha mucho la palabra "Bolivia".
- Las mamás llevan a sus guaguas en la espalda.
- Condorito está en cada kiosco.
- Nadie, pero nadie, respeta los pasos de cebra.
- Los semáforos son amarillos y cuelgan de los cables.
- Todo, casi todo, es pirata.
- Un pub karaoke puede ser una casa de citas muy bien encubierta.
- Es muy importante la competencia folclórica del Festival de Viña del Mar.
- Los gringos se pasean vestidos de alpaca.
- El cementerio de La Paz sufre constantes ampliaciones.
- Casi no hay perros vagos.
- Venden "Evadas", el libro.

domingo, 11 de diciembre de 2011

en Concepción

1) comí un generoso Barros Luco con café azucarado.
2) descubrí un terminal de buses semi abandonado.
3) vi un video de Illapu nueve veces en un bus.
4) conocí Chiguayante.
5) supe que la Universidad de Concepción es más bonita de lo que pensaba.




* éste es el video.

sábado, 13 de junio de 2009

Jauja


Cada dos meses se acaba el país de Jauja.
Mi medio de transporte sufre una transformación brutal.
Del auto a la flota, de la flota al metro, de la cama al paradero.


Eso implica levantarse más temprano, poder darse menos tiempo de flojeo en la mañana y caminar con velocidad por el terminal, ir al paradero y esperar asomando la cabeza rumbo al poniente. En esos momentos veo los titulares, la silueta de la mujer del kiosco (oculta entre tanto paquete de papel metálico). Si tengo suerte pasa la quinientos y algo. Valido, subo y me arrimo a algún fierro bañado en plástico.


Hace meses que mi vida cambió.
Mi reproductor de mp3 tiene mala la entrada de audífonos.
Por eso leo, cuando puedo.
Por eso puedo cuando quiero.

Escucho siempre, pero anoto poco.
El voyeurismo se ha transformado en una institución alimentada por estudiantes que envían mails.


Y los 45 minutos se prolongan hasta casi las dos horas de ida. Las casi dos de vuelta.
"Ninguno viene de vuelta", dijo Patespin el lunes pasado.
Es como masoquista, pero viajar en micro es siempre una oportunidad.

De leerse un libro liviano, de escuchar una buena frase o de mirar para afuera mientras el cerebro acompaña al cantante de turno.



Cada dos meses me cambian los días.
Cada dos meses se acaba el país de Jauja.