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sábado, 15 de enero de 2011

chucu chucu


El guardia de metrotren se sentía ridículo. Cada jornada seguía al inspector con un rostro que, pese a intentar ser intimidante, no pasaba de ser penoso. El guardia de metrotren se sentía ridículo, pues sospechaba que nunca podría portar un arma.

sábado, 15 de agosto de 2009

en retiro

Tras meses de peregrinación, el general llegó a la cima del cerro. En el último tramo, el sediento caballo se tambaleó con cada paso. Lo habían logrado. El valle aparecía lentamente ante los ojos del general, pero nunca para los miles de hombres y animales que lo secundaban.

El general respiró hondo, se puso el gorro y dio media vuelta.
Hizo el gesto con el brazo. Siempre en silencio.
Retirar tropas.

lunes, 27 de julio de 2009

Backstage

María nunca quiso estar ahí. Fue culpa de su abuela, del concurso, del gerente del supermercado que sacó el papel. María sabía poco y nada de los rockeros vestidos de terno que entraba a la carpa. "¿Tú eres la afortunada?", dijo el bigotudo que parecía ser el vocalista. Una mujer les gritó algo en inglés y corrieron a fotografiarse con María. Un rápido beso en la mejilla selló el encuentro. María estuvo con ellos, chocó mejillas con cada uno, sintió el olor a cebollín del más viejo y los vio partir a una carpa oscura donde la música sonaba con fuerza.
La afortunada ganadora tomó el pisco sour en botella que le ofrecieron, dio un par de entrevistas y se sentó a esperar el debut. Y la despedida.

sábado, 25 de julio de 2009

winter

La sopa estaba hirviendo, la sopa estaba hervida. Demasiado caliente para un día de agosto. Cuando se aprestaba a filetear el pollo, lo invadió esa imagen difusa, los operativos por venir, la clandestinidad, los espasmos nocturnos ante la buena nueva. Narcotraficantes, recordó.

jueves, 23 de julio de 2009

metro (es con m mayúscula)

Bajó la escalera de la estación pensando en el molesto sonido de los televisores. Caminó hacia el basurero a deshacerse de papeles higiénicos víctimas del romadizo. Dio media vuelta y enfiló hacia el panel de obras teatrales, escuchó el sonido desde el túnel y pensó en hacer un nanometraje. Con su mano ordenó el pelo, recordando al cantante que admiró secretamente en la infancia. Se percató del arribo del tren, buscó el reloj en su muñeca izquierda y sonrió al no encontrarlo. Pensó en ser músico, director de museos o periodista. Esperó el sonido del tren, la luz roja. Caminó rápidamente. Sin que nadie lo notara, ya estaba a bordo.

domingo, 29 de marzo de 2009

Ad hoc

- ¿Qué le dijo Adán a Eva?
- No sé...
- Te quedó rico el Tutti Frutti
- - -
Iglesia. Tras la última sesión de catequesis todos los niños deberán pasar por el temido confesionario. Mientras los púberes se aburren esperando su turno, una buena señora que consagra una porción de su vida a la formación de futuros matrimonios intenta esbozar una sonrisa colectiva.
- Niños, una adivinanza. ¿Cuál es el santo que está en todas las casas?
- (La multitud de niños grita "¡no sé!", imagínese otras onomatopeyas inocentes)
- San Marco, está en las puertas, las ventanas.
(El lector se ríe)

divagaciones de medianoche

- ¿No crees que es mentira?
- Ya no sé que creer
- Pero antes sabías...
- Pero ya no sé nada, soy como el griego eso. ¿Sócrates?
- No sé, Aristóteles parece. Pero da lo mismo, quizás era Sófocles
- O Antígona. Edipo Rey quizás era gay
- Ya te pusiste homofóbico
- Pero no sé en serio
- A estas alturas ya poco importa. Vamos con una de esas frasecitas de baño de escuela de periodismo
- ¿No es fome?
- "Perder de verdad para dar paso al hallazgo"
- Ja,ja,ja. Eso suena como a discurso de astronauta.
- ¿Te acuerdas de TV Nauta?

(...)

El rey

Elvis está vivo.
Y no es una siutiquería.
No es porque aún venda miles de discos.
No es porque miles de personas peregrinen a Graceland cada año.
No es porque hay poleras, stickers y cuadros de cafetería enmarcados con su cara.

Elvis no ha envejecido, está joven y un poco gordo.
Fofo diría yo.
Pero no importa, Elvis es el rey y para pagarse la isapre tiene que tocar con su bandita del tercer mundo.

Mientras todos se aferraban al televisor gritando lo grande que era Chile, algunos lugareños vieron a Elvis en Isla de Maipo. Tocó 6 canciones y hasta bailó de mala gana. Incluso le tocó la mano a la Rita, la nieta del Juan de la esquina.

Pero Elvis es habiloso.
Al finalizar el show, y para disipar toda duda, se despidió con un "muchas gracias, muy agradecido".

sábado, 28 de marzo de 2009

Desayúnese

Cuando despertó esa mañana se dio cuenta de algo: estaba a un día de cumplir los 75.
Tras sacarse la última legaña, caminó con desgano hasta la cocina. El objetivo: un té y galletas de soda con mermelada de membrillo.

Como de costumbre encendió el televisor. Un cuico periodista le hablaba con intentos de cercanía: "Fíjese que la esperanza de vida ha llegado a los 75 años en nuestros país, la nota es de Augusto Salazar".

Algo le hizo poner atención.
Un par de imágenes de un asilo de ancianos terminaban la nota.

Cuando la tetera emitió el último silbido, su vida ya no era la misma.

domingo, 1 de marzo de 2009

Mira como estoy tranquilo yo


"Ob-la-di, Ob-la-da", cantaba Juan entusiasta en su auto nuevo. 36 cuotas terminarían de complementar el sueño de la casa propia. Juan pensaba cuándo quitar el plástico que cubría los asientos. Tras el último acorde de Los Beatles, un afable locutor lo invitó a una pausa comercial "con los interesantes mensajes que nuestros avisadores tienen para usted". Juan pensó en cambiar la radio, pero recordó ese comercial de zapatos que tanto le había gustado en la mañana. Si tenía suerte podría escucharlo de nuevo, recordarlo y contárselo a la Estefanía en la noche.

"Con las nuevas sopas caracojamónarveja, sorprendo a los que más quiero", contaba una mujer susurrando al oído por los parlantes con tecnología neozelandesa. Una luz roja llevó a Juan a detenerse. Cuando el aviso de Supermercados San Pedro le recordó que la Santa Llanta le regalaba un set de neumáticos de repuesto con su permiso de circulación, cambió la radio. Estaba a un par de cuadras de su casa cuando Lucio Dalla lo sorprendió con un recuerdo de juventud.

"Una casita chiquitita así, con muchas ventanitas de color. Una mujer chiquita así, con ojos grandes para ver mejor. Un hombre muy chiquitito así, que vuelve tarde de trabajar. Con un sombrero chiquitito así, lleno de sueños a realizar. Y cuando sueña, no puede esperar (...) Mira como estoy tranquilo yo, aún cuando cruzo el bosque, con la ayuda del buen Dios, estando siempre...", cantaba sin moderación.

De pronto,Juan sintió un fuerte temblor. Miró con lentitud a su alrededor, hasta que arribó al espejo retrovisor. Cuando alzó la mirada, pudo constatar que una micro amarilla -de esas que se habían esfumado de la ciudad hacía un par de años- embistió la parte de atrás del auto.

Juan se sacó la corbata y saltó a discutir con el conductor, que aceleraba por un costado y se perdía en la calle siguiente. La patente -al igual que las micros amarillas- no existía.

Si bien salía humo del tubo de escape y las latas yacían abolladas, el sistema de audio neozelandés era de lo mejor. No se había dañado y hasta le recordaba, en la voz de Lucio Dalla, "attenti al lupo".


extra ví ada



La sala de clases era vieja, estrecha, de materiales ligeros. Afuera, un oxidado cartel decía -bajo la custodia del escudo nacional-"Escuela Básica".

Gloria llevaba años haciendo clases en ese lugar. Como a casi la totalidad de sus cercanos, el trabajo era más bien un tedio que una motivación. Y como no, si tenía que lidiar con "rebeldes sin causa". Rebeldes sí, lo de la causa era bien cuestionable.

Una gris mañana de invierno -que le hizo recordar los primeros años de la dictadura- entró a la escuela y saludó con una seña al portero. Un minuto antes de la campanada que daba inicio a una nueva jornada, Gloria dio la media vuelta. Y se fue con el sol, antes de que muriese la tarde.

De vez en cuando algún escolar piensa -al pasar- en la extraña belleza de la mujer que ha visto en cajas de leche, cuentas de luz y en los avisos del metro.

Como Dios manda


Dicen que la primera vez nunca se olvida.
Ese domingo, Juan se despertó con un nudo en la garganta.
Las primas de Santiago vendrían por una semana.
"Hay que atenderlas como Dios manda", dijo la madre.
Después del medio día, el abuelo lanzó un par de miradas que llamaban a salir.
No podía seguir evitándolo. Era el momento de hacerse hombre.


Con la garganta anudada por completo, Juan cerró los ojos y cercenó al cordero que había crecido con él. "Dios los manda para que nos alimentemos", dijo el abuelo recordando viejos tiempos. Juan derramó una lágrima, que rozó la sangre salpicada en sus dedos.
"Anda a buscar leña", escuchó a la distancia.
Dicen que la primera vez nunca se olvida.